• Propuesta de valor: Como cualquier empresa, un negocio emergente debe cuidar la propuesta de valor con la que sale a buscar clientes, es decir, no basta con tener una buena idea, hay que convencer al mercado. Para ello, lo principal es tener claridad al comunicar qué es aquello que estamos ofreciendo. En este sentido, debemos alejarnos de las ambigüedades, de los clichés, del eterno lugar común. Si a mí me ofrecen el mejor servicio, con la mejor calidad, al mejor precio, y, además, me lo entregan en la casa, pero no me saben explicar con precisión qué es y para qué me va a servir, lo más probable es que nunca lo vaya a comprar. Por lo tanto, si no podemos definir rápido y bien qué estamos proponiendo al mercado, qué necesidad estamos resolviendo y cómo nos diferenciamos de los demás, lo mejor será tomar un poco de tiempo para reflexionar y precisar.
  • Montos y tiempos: Es preciso conocer con exactitud cuánto vamos a necesitar para arrancar el negocio y en qué momento lo vamos a requerir. Es decir, es imprescindible conocer los flujos de efectivo del negocio: cuándo va a entrar el dinero, cuándo va a salir y en qué cantidades.
  • Distribución: La complicidad de los distribuidores es vital para asentar el producto o servicio en la preferencia de los clientes. La forma en la que vamos a hacer llegar nuestra oferta a los consumidores es la garantía para que el negocio se repita o para que jamás se vuelvan a acercar. La distribución debe cumplir varias promesas: entregar en la fecha compromiso y en forma óptima. El producto no puede llegar tarde ni roto ni echado a perder.
  • Promoción: Éste es el factor crítico que muchos emprendedores pasan por alto. Los operadores de negocios emergentes deben estar dispuestos a dedicar esfuerzos, tiempo y recursos para llegar al éxito. No, las campañas en redes sociales ya no son suficientes para dar a conocer su producto o servicio; es necesario ir más allá. Los tiempos en los que a través de anuncios en internet se despertaba el interés de los consumidores ya pasaron a la historia. Hoy, muchos negocios alternativos están cayendo en el error de circunscribirse únicamente a promocionarse por medios electrónicos y cosechan resultados pobres. Es necesario tener en cuenta mayores puntos de contacto con sus clientes objetivo, ir a exposiciones, publicitarse en revistas especializadas, salir a la calle, sensibilizar el mercado: elevar la mano en forma física y decir ¡aquí estoy!
  • Exceso de parquedad: Es verdad, uno de los pilares que sustenta el modelo de startup es la frugalidad, es decir, se basa en un uso moderado de los recursos con el fin de optimizarlos. Se trata de operar estructuras sencillas con costos mínimos para perseguir ganancias que crezcan en forma exponencial. Sí, el error de muchos emprendedores es que entienden mínimos como sinónimo de nulos. No, no existen proyectos costo cero, que no generen gastos y que además den utilidades. Ser conscientes y cuidadosos con los egresos significa estar pendientes de poner el dinero en lo que de verdad va a redituar. Cuando se cierra la bolsa por completo, le cortamos la fuente de oxígeno al negocio y ahogamos el proyecto.
  • No buscar ayuda: Muchos emprendedores evitan buscar consejo, prescinden de las asesorías y se rehúsan a pagar expertos. Cuando el emprendedor no entiende que es imposible ser experto en todo y se niega a pedir apoyo, se cierra la posibilidad de llevar su negocio a mejor puerto. Ojos experimentados pueden evitar ciertos riesgos, alertar sobre las debilidades del negocio, saben distinguir oportunidades y cimentar fortalezas que, tal vez, quien emprende no ha logrado vislumbrar.
  • Creer que la ayuda debe ser gratuita: Un error común es pensar que la ayuda, capacitación, consejo debe ser pro bono. Lo que se detenta como gratis, generalmente tiene costos ocultos que de todas formas hay que pagar. Se paga la falta de oportunidad, de precisión, de calidad; se queda a deber un favor, se genera molestia, se bloquea la continuidad. En cambio, pactando una tarifa adecuada, el emprendedor tiene derecho a exigir y obtener lo que realmente necesita. Los servicios profesionales, el consejo experto, debe ser facturado y pagado con gusto.